La histórica compañía Kodak enfrenta una nueva amenaza de cierre tras reconocer que no cuenta con la liquidez necesaria para cubrir deudas por 500 millones de dólares. La advertencia, lanzada a sus inversionistas, revive el fantasma de la quiebra que enfrentó en 2012 y pone en duda su permanencia en el mercado global.

De la cima de la fotografía a la crisis actual
Fundada oficialmente en 1892, Kodak dominó el mercado fotográfico durante gran parte del siglo XX, llegando a acaparar el 90% de las ventas de películas en Estados Unidos. En 1975 inventó la cámara digital, pero no supo capitalizar su potencial, lo que contribuyó a su declive. En 2012 se declaró en quiebra bajo el capítulo 11 con deudas superiores a 6.700 millones de dólares.
Actualmente, la empresa advierte que su continuidad depende de encontrar financiamiento urgente. Entre sus medidas de emergencia está la suspensión de pagos a su plan de pensiones para liberar liquidez. Pese a los desafíos, su CEO, Jim Continenza, asegura que siguen ejecutando su estrategia a largo plazo.
Un futuro incierto y un legado imborrable
La caída en bolsa del 7% tras el anuncio refleja la preocupación de los mercados. Hoy, Kodak mantiene operaciones en impresión digital y química industrial, además de licenciar su marca para diversos productos. Sin embargo, no está claro si un eventual cierre afectaría también a sus operaciones fuera de Estados Unidos.
La historia de Kodak también es la de la fotografía moderna: cámaras accesibles, marketing innovador y producción masiva. Su modelo inspiró a generaciones y marcó un estándar global. La actual crisis plantea si ese legado podrá reinventarse para sobrevivir en la era digital.
El posible cierre de Kodak simboliza el reto de adaptarse a mercados en constante cambio. Su trayectoria demuestra que incluso los gigantes pueden caer si no evolucionan a tiempo, pero también que la reinvención sigue siendo una posibilidad para quienes conservan valor de marca y experiencia técnica.


