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T-MEC 2026: LA ENCRUCIJADA QUE DEFINIRÁ LA DÉCADA

Un momento decisivo se avecina para el futuro económico de Norteamérica. Este 1 de enero de 2026, se activó un proceso de negociación que ocupará el centro de la agenda nacional hasta el próximo 1 de julio: Con la revisión del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este no es un ajuste menor; es la evaluación periódica del acuerdo que nace en 1992 y que es la columna vertebral absoluta de la economía mexicana.

La comunidad empresarial de Puebla y del país participa con propuestas específicas en este proceso, consciente de que los próximos seis meses moldearán el panorama comercial para los próximos años.

El impacto de esta revisión al T-MEC se llevará a cabo el primer semestre de este año, pudiendo después revisarse anualmente o hasta en un ciclo completo de dieciséis años, llevar a cabo las revisiones anuales nos llevaría sin duda a un escenario de constante tensión y distracción para México.

La actual coyuntura se presenta en un momento muy crítico. Las proyecciones de crecimiento para México para este 2026 presentan una divergencia reveladora: Mientras el Servicio de Administración Tributaria (SAT) proyecta un PIB del 2.8%, otros organismos especializados internacionales anticipan cifras por debajo del 1%. Esta brecha no es solo numérica; es un reflejo de la incertidumbre y de la profunda dependencia que nuestro desempeño tiene del éxito de este tratado.

Por esa razón, lograr un T-MEC robustecido, moderno y previsible puede ser el catalizador que impulse la inversión, cierre la brecha de especulaciones y expectativas, para acercarnos almejorescenarioposible.Porotrolado,sieste procesoesconflictivooarrojaráunresultado débil, podría truncar la recuperación y limitar severamente nuestro potencial de desarrollo económico.

Desde el Consejo Coordinador Empresarial de Puebla, representando el dinamismo industrial, comercial y de todo tipo de servicios de nuestro estado, afirmamos con contundencia: la comunidad empresarial no será un espectador. Estaremos pendientes, participando de manera constructiva y proactiva en el diálogo con las autoridades federales, cerrando filas para fortalecer la economía de México. Nuestro objetivo primordial es que el T-MEC evolucione para ser un reflejo fiel del intercambio comercial, que día a día crece en volumen, complejidad e integración, entre Canadá, Estados Unidos y México.

En esta mesa de negociación, se juegan al menos cuatro escenarios clave que impactarán directamente a las empresas y a los trabajadores en nuestro país:

• Certidumbre vs. volatilidad: la principal demanda es consolidar un marco regulatorio estable y previsible. La amenaza de interpretaciones unilaterales o la aplicación discrecional de paneles de solución de controversias, especialmente en temas laborales (Rapid Response Mechanism) y medioambientales, genera inseguridad jurídica. Un resultado exitoso minimizará estos riesgos, atrayendo más Inversión Extranjera Directa (IED) de largo plazo. Un escenario adverso podría desincentivar nuevos proyectos.

• Integración profunda vs. el proteccionismo fragmentado: el T-MEC nació con reglas de origen más estrictas, particularmente para sectores como el automotriz. El reto ahora es evitar nuevas barreras encubiertas y fomentar la integración de cadenas de valor, especialmente en industrias del futuro como los semiconductores, la electromovilidad y las energías limpias. Puebla, con su potente sector automotriz y tecnológico, tiene un interés vital en que prevalezca la lógica de la integración regional que le brinde competitividad.

• Modernización digital y energética: el comercio digital y la adaptación a la transición energética son temas ineludibles. Se debe fortalecer el capítulo digital, garantizando flujos de datos transfronterizos con seguridad, y alinear políticas que permitan a las empresas mexicanas acceder a insumos energéticos limpios, confiables y competitivos en costo. Esto es fundamental para cumplir con los compromisos ambientales del tratado y mantener nuestra competitividad.

• Prosperidad compartida: la vigencia del T-MEC debe traducirse en mejores condiciones laborales y desarrollo comunitario. Las negociaciones deben abordar este punto de manera realista, promoviendo la productividad y la formalidad, no generando distorsiones que penalicen la operación industrial. Un sector manufacturero fuerte y moderno es la mejor garantía de empleos de calidad.

La ruta está trazada. Los próximos meses demandarán de los empresarios, una voz informada, unida y estratégica. De nuestras autoridades, exigirán gestiones para alcanzar una negociación firme, hábil y visionaria que priorice el interés nacional de largo plazo.

ElT-MECnoesunfinensímismo;es la herramienta más poderosa con la que contamos para construir un México más próspero, innovador y con empleos de calidad. Enfrentemos esta encrucijada con la seriedad y la determinación que el momento histórico exige. El futuro económico de 2026 y más allá depende de ello.