Guerra en Irán: del golpe político a la escalada militar
La crisis no nace con este ataque final sino un proceso de debilitamiento previo: después de los ataques del 7 de octubre y la guerra regional posterior, Israel fue desmontando parte del llamado “eje de la resistencia”, debilitando a aliados clave de Teherán y reduciendo su capacidad de negociación con Occidente.

Tras la muerte del líder supremo, la línea oficial iraní se endurece. Ali Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, rechaza negociar con Washington, acusa a Donald Trump de hundir la región en el caos y sostiene que Irán actúa en defensa propia. En paralelo, se reportan nuevas oleadas de misiles hacia Israel, alertas en Jerusalén y Tel Aviv, amenazas de intensificar ataques en Líbano, evacuaciones y cancelaciones de vuelos.
Impacto regional y económico
La guerra en Irán también ya golpea los mercados. Se plantean tres escenarios: una desescalada mantendría el barril debajo de 90 dólares; una fase más prolongada lo llevaría a 120; y daños severos a instalaciones petroleras podrían dispararlo hasta 180. El estrecho de Ormuz aparece como punto decisivo, mientras ataques a una refinería saudí y la suspensión parcial de gas en Qatar elevan la tensión energética.
La lectura de fondo es clara: la guerra en Irán ya es una crisis total. Lo que empezó como ofensiva militar hoy redefine el equilibrio político iraní, amenaza con ampliar el conflicto regional y convierte al petróleo, la diplomacia y la estabilidad global en parte del mismo tablero.


