La industria textil no se sostiene únicamente con maquinaria, tradición o volumen de empleo. Se mantiene viva cuando existe liderazgo capaz de interpretar el contexto, articular intereses y traducir la visión en ejecución. En ese punto de equilibrio se sitúa Jorge García Teruel, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios Textiles, cuya trayectoria se entrelaza con uno de los sectores industriales más intensivos en mano de obra, más presionados por la competencia global y, al mismo tiempo, con mayor potencial de reorganización productiva en México.

Su relevancia actual no se explica desde una lógica individual, sino desde su papel como articulador institucional de una industria que enfrenta cambios estructurales profundos. Desde esa posición, García Teruel impulsa una narrativa pragmática: resistir ya no es suficiente; la industria debe integrarse, modernizarse y recuperar competitividad desde una lógica sistémica.
Formado como ingeniero industrial y con más de tres décadas vinculado al negocio textil, García Teruel encarna un perfil poco frecuente en el liderazgo gremial: combina experiencia empresarial directa, conocimiento técnico y participación institucional sostenida. Su involucramiento continuo en la cámara desde los años noventa le permite comprender la industria como una red concreta de fábricas, empleos, decisiones logísticas y riesgos operativos, no como un concepto abstracto.
Esta trayectoria explica por qué su presidencia no se plantea solo como un ciclo administrativo, sino como una etapa de reorganización sectorial. El objetivo explícito es fortalecer a las empresas que permanecen operando tras años de presión por importaciones, cierres y pérdida de empleo, particularmente en regiones como Puebla y Tlaxcala, donde el textil sigue siendo un pilar productivo y social.
EXINTEX COMO PLATAFORMA ESTRATÉGICA, NO SOLO COMO FERIA COMERCIAL
Bajo esta lógica, Exintex deja de concebirse únicamente como un evento expositivo para convertirse en un instrumento de política industrial sectorial. Con más de dos décadas de evolución, la feria se consolida como un punto de encuentro internacional que integra maquinaria, insumos, tecnología y proveeduría, y que en su próxima edición se llevará a cabo del 10 al 13 de marzo en el Centro Expositor de Los Fuertes, en Puebla, con una escala que refleja su madurez: 800 stands, una afluencia estimada de más de 35 mil visitantes y expositores provenientes de 26 países, con un peso relevante en soluciones de maquinaria industrial, bajo una curaduría clara orientada a fortalecer la industria nacional y a los países con los que México mantiene acuerdos comerciales.
La escala alcanzada es significativa. La exhibición concentra cientos de stands, decenas de miles de visitantes y expositores de múltiples regiones del mundo, con un énfasis creciente en maquinaria de alto nivel tecnológico. Esta dimensión no solo refleja capacidad organizativa, sino la necesidad de que el sector dialogue en condiciones más simétricas con los estándares globales de producción.
El diagnóstico que emerge es directo. La industria textil mexicana enfrenta una competencia internacional intensa, particularmente de Asia, con impactos asimétricos derivados de prácticas comerciales dispares, costos logísticos variables y vacíos regulatorios. El resultado ha sido la pérdida de empleos y el cierre de unidades productivas, incluso en regiones históricamente textiles.
Frente a este entorno, la estrategia no se limita a la defensa. Desde la presidencia de la asociación se impulsa una agenda de coordinación con autoridades económicas, alineada con iniciativas como Hecho en México y el Plan México, orientadas a reordenar incentivos, fortalecer la producción local y recuperar competitividad desde la legalidad y la integración productiva.
Un elemento central del liderazgo de García Teruel es la lectura de la industria como un sistema que requiere gobernanza, no solo representación. En un sector intensivo en empleo, disperso territorialmente y altamente sensible a ciclos económicos, la falta de coordinación amplifica los riesgos. Desde esta óptica, la función de la cámara es ordenar prioridades, alinear incentivos y construir condiciones mínimas de estabilidad operativa.
La gobernanza sectorial cobra relevancia cuando el mercado no corrige por sí solo las asimetrías. La competencia desleal, la informalidad y la presión logística afectan de manera desigual a empresas de distintos tamaños. El papel institucional se orienta, entonces, a reducir fragmentación y convertir al sector en un interlocutor claro frente a autoridades, proveedores y mercados.
CAPITAL HUMANO Y ESPECIALIZACIÓN REGIONAL COMO ACTIVOS ESTRATÉGICOS
Otro eje clave es el valor del capital humano acumulado en regiones textiles tradicionales. Puebla, Tlaxcala y zonas como Tehuacán, Atlixco o Huejotzingo concentran décadas de conocimiento operativo, procesos especializados y mano de obra calificada que no puede replicarse fácilmente en el corto plazo.
Este capital humano no es una ventaja estática. Representa una oportunidad estratégica si se conecta con tecnología, innovación y esquemas de integración productiva. La visión impulsada desde Exintex y la asociación apunta precisamente a revalorizar estas capacidades, vinculándolas con maquinaria de última generación y nuevos estándares de calidad.
TECNOLOGÍA, MAQUINARIA Y COMPETITIVIDAD ESTRUCTURAL
La incorporación de maquinaria avanzada no se presenta como un fin en sí mismo, sino como una condición necesaria para competir en mercados abiertos. Exintex funciona como un escaparate tecnológico que reduce brechas de información entre fabricantes nacionales y proveedores globales de equipo industrial.
El acceso directo a tecnología de punta permite replantear procesos, reducir mermas, mejorar tiempos de entrega y elevar consistencia en calidad. Estas mejoras operativas son fundamentales para sostener relaciones comerciales de largo plazo y para integrarse a cadenas de suministro más exigentes.
Uno de los aportes estratégicos más relevantes es el énfasis en la integración de la cadena de valor. La fragmentación histórica del sector, donde cada empresa domina solo un eslabón, limita su capacidad de atraer inversión y cerrar contratos completos.
La propuesta es ofrecer soluciones integrales: hilo, tela, confección y producto final articulados bajo esquemas colaborativos, apoyados por clústeres industriales. Este enfoque reduce fricciones, mejora tiempos de respuesta y eleva el valor agregado del producto mexicano frente a competidores internacionales.
El tránsito de Exintex de evento puntual a plataforma de articulación sectorial marca un cambio de escala. La lógica deja de ser transaccional para convertirse en estructural: conectar actores, facilitar acuerdos y generar sinergias que trasciendan los días de exhibición.
Este cambio redefine el valor del evento. Exintex se posiciona como un nodo donde confluyen decisiones de inversión, alianzas productivas y estrategias de integración vertical, reflejando una madurez institucional alineada con las necesidades reales del sector.
Más allá del discurso, el impacto económico es tangible. La feria genera una derrama significativa en sectores como hotelería, restaurantera y servicios, reforzando su papel como motor regional. El textil se consolida así no solo como industria manufacturera, sino como detonador de actividad económica transversal.
DOS ENFOQUES ESTRATÉGICOS HACIA ADELANTE
Enfoque 1: consolidación interna
Fortalecer empresas existentes mediante integración, modernización tecnológica y alineación regulatoria, priorizando estabilidad y empleo. Enfoque 2: apertura estratégica selectiva atraer inversión vinculada a transferencia tecnológica y cadenas completas, bajo reglas claras y beneficios compartidos con la industria nacional.
Ambos enfoques requieren liderazgo institucional firme y continuidad en la ejecución.
Aunque existe optimismo en torno a nuevos esquemas arancelarios y políticas industriales, el riesgo estructural persiste. La diferencia actual es la existencia de una agenda más clara y una mayor disposición a la coordinación público-privada. La continuidad estratégica se vuelve crítica: los avances en integración y clústeres no generan resultados inmediatos, pero sí construyen resiliencia.
El liderazgo de Jorge García Teruel se entiende mejor desde la lógica de reconstrucción sectorial. No se trata de administrar inercias, sino de reconfigurar un ecosistema productivo bajo nuevas reglas de competencia, colaboración y eficiencia. En un entorno global volátil, la industria textil mexicana encuentra en este tipo de liderazgo una ruta viable para sostener empleo, generar valor y recuperar relevancia en las cadenas productivas.


