La igualdad laboral no es solo una causa social, es una condición indispensable para el desarrollo económico sostenible.

Más de cien años han pasado desde que las primeras mujeres alzaron la voz para exigir condiciones laborales dignas. Aquellas jornadas extenuantes, salarios injustos y ausencia total de derechos marcaron el inicio de una lucha que transformó la historia económica y social del mundo.
Hoy, el contexto es distinto. Las mujeres participan activamente en todos los sectores productivos, lideran empresas, gobiernos e instituciones, y han alcanzado niveles educativos sin precedentes. Sin embargo, a pesar de estos avances, la igualdad sustantiva sigue siendo una meta en construcción.
En México, millones de mujeres permanecen fuera del mercado laboral formal. Muchas enfrentan condiciones de informalidad, brechas salariales y limitaciones estructurales que frenan su desarrollo. Este rezago no solo representa una deuda social: es también una barrera directa al crecimiento económico.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, es necesario ir más allá del reconocimiento simbólico y asumir una verdad que sigue siendo urgente, como lo hemos señalado en los diferentes foros y mesas en las que hemos participado:
“No puede haber desarrollo económico si dejamos atrás a la mitad de la población representada por mujeres.”
Desde COPARMEX Puebla reafirmamos que esta no es solo una postura institucional, es una convicción construida desde la realidad que viven millones de mujeres todos los días. En este sentido, uno de los principales obstáculos para la participación económica de las mujeres es la violencia. A pesar de los esfuerzos institucionales y sociales para erradicarla, la realidad es contundente: la violencia familiar es el delito más denunciado en el país.
Este dato revela una dimensión crítica del problema: la violencia no es solo un tema de seguridad pública, sino un fenómeno profundamente arraigado en el entorno familiar.
Desde la perspectiva empresarial, esto implica reconocer que el desarrollo económico no puede desvincularse del tejido social. Si bien el sector productivo enfrenta desafíos como el robo a negocio o al transporte, la prevalencia de la violencia en el hogar evidencia una problemática estructural que impacta directamente en la estabilidad laboral, la productividad y el bienestar social.
En este sentido, el fortalecimiento del Estado de derecho es indispensable, pero no suficiente. Existe una responsabilidad compartida que comienza en el núcleo más básico de la sociedad: la familia.
La formación de valores, el respeto y la igualdad son elementos que, de no consolidarse en el hogar perpetúan ciclos de violencia que terminan reflejándose en todos los ámbitos, incluido el económico.
Un elemento central en la discusión sobre violencia de género es la dependencia económica. Miles de mujeres permanecen en entornos violentos no por decisión, sino por falta de alternativas. La ausencia de ingresos propios limita su capacidad de decisión, reduce su autonomía y las coloca en una situación de vulnerabilidad constante.
Por ello, desde COPARMEX hemos manifestado que el acceso al empleo formal adquiere una dimensión que trasciende lo económico. Cuando una mujer logra integrarse al mercado laboral formal:
• Fortalece su autonomía,
• Recupera su capacidad de decisión,
• Transforma su proyecto de vida.
En este contexto, el empleo se convierte en uno de los mecanismos más efectivos de movilidad social y de reconstrucción del tejido social. Y es donde el papel de la empresa se vuelve fundamental porque más allá de su función económica tradicional, hoy se reconoce que las empresas no solo producen bienes y servicios; producen oportunidades.
Para muchas mujeres, el acceso a un empleo formal representa el primer espacio donde se reconoce su talento, se valida su capacidad y se construye su independencia.
Este proceso tiene un efecto multiplicador: cuando una mujer avanza, no solo mejora su situación individual, sino que impacta directamente en su familia y en su comunidad.
El desarrollo económico con enfoque de género requiere una visión articulada entre sector público y privado.
En este sentido, la colaboración con organismos empresariales resulta fundamental.
Desde COPARMEX, se han impulsado iniciativas concretas como bolsas de trabajo con perspectiva de género, orientadas especialmente a mujeres en situación de violencia. Ejemplo de ello es la vinculación con espacios como las Casas Carmen Serdán, donde se facilita el acceso a oportunidades laborales mediante herramientas tecnológicas y esquemas de inclusión.
El desarrollo económico no puede medirse únicamente en términos de inversión, productividad o generación de empleo. Debemos impulsar entornos laborales inclusivos, generar oportunidades reales, contribuir activamente a la construcción de una sociedad más equitativa y libre de violencia contra las mujeres.
El crecimiento económico sostenible solo es posible cuando es incluyente. Y en ese camino, hay una certeza fundamental: el trabajo digno no solo genera riqueza; también libera.


