Un jurado federal en Oakland, California, cerró una de las disputas más observadas de la inteligencia artificial: Elon Musk demandó demasiado tarde a OpenAI, Sam Altman, Greg Brockman y Microsoft. La jueza Yvonne González Rogers aceptó el criterio del jurado, dejando sin avance un caso con impacto corporativo global clave.

La fecha pesó más que el reclamo
El debate inicial no giró sobre la transformación de OpenAI, sino sobre el calendario legal. Los miembros del jurado estimaron que Musk conocía desde 2021 los hechos que cuestionó en su demanda de 2024, por lo que el reclamo quedó bloqueado por prescripción. Sostuvo que su aportación de 38 millones de dólares respaldó un proyecto creado para desarrollar inteligencia artificial en beneficio público.
También señaló que Altman y Brockman habrían usado esa base para impulsar una estructura comercial. OpenAI defendió que conserva una misión supervisada por una fundación no lucrativa.
Una victoria clave para OpenAI
La decisión representa un alivio estratégico para OpenAI, que enfrentaba posibles cambios profundos en su estructura. Musk buscaba revertir la reorganización empresarial, separar a sus principales líderes y trasladar más de 130,000 millones de dólares al brazo sin fines de lucro. También estaba en juego la estabilidad de sus planes financieros, incluida una eventual salida a bolsa.
Durante el juicio declararon Ilya Sutskever y Shivon Zilis, dos testigos de alto perfil. Además, se revisaron correos, mensajes y documentos internos sobre financiamiento, infraestructura, cómputo, opciones corporativas y posibles movimientos estratégicos futuros.
El fallo no resuelve el debate ético sobre la inteligencia artificial con fines sociales y ambición comercial. Pero confirma que, en Silicon Valley, una disputa sobre poder, dinero y misión puede definirse por algo básico como el plazo para demandar.


