Durante veinte años, Edith Alamillo tomó decisiones desde el corazón financiero de una empresa agroindustrial. Antes de ocupar una presidencia empresarial, su territorio fueron los números, los costos, la operación y la exportación de jugos y aceites de frutos cítricos. Esa experiencia terminó por convertirse en la base de un liderazgo que hoy traslada la disciplina de los negocios a la construcción de comunidad entre mujeres empresarias.

Contadora pública de profesión, estudió en Veracruz y comenzó a trabajar mientras cursaba la universidad. Pasó cuatro años como auxiliar contable y después continuó desarrollándose en el área financiera. Su etapa más larga fue como CFO de la empresa familiar, donde permaneció dos décadas involucrada en administración, finanzas, industria y agroindustria.
UNA TRANSICIÓN HACIA NUEVOS DESAFÍOS
La historia de Alamillo no se detuvo en la empresa familiar. Hace 15 años comenzó a operar una SOFOM como inversión patrimonial de la familia y, cinco años atrás, tomó una decisión que modificó su carrera: salir de la agroindustria familiar para iniciar sus propios emprendimientos.
El movimiento la llevó, entre otros proyectos, a una planta de fertilizantes. Durante años, su atención había estado concentrada en asuntos concretos: crecer, conseguir clientes, mejorar costos y fortalecer las empresas. En esa etapa apareció otro frente. Hace alrededor de tres años recibió la invitación para participar en la creación de AMMJE Angelópolis, asociación de mujeres empresarias.
La propuesta llegó por medio de Mar Mejía, presidenta fundadora, con quien compartía una circunstancia semejante: ambas habían salido de empresas familiares y se encontraban emprendiendo.
Alamillo se integró al proyecto, primero como vicepresidenta durante dos años y después como presidenta. Lo que comenzó como una invitación terminó por ampliar su manera de entender el crecimiento empresarial.
DE OPERAR EMPRESAS A CONSTRUIR COMUNIDAD
En la asociación encontró algo que hasta entonces no había ocupado un lugar central en su trayectoria: el valor de crear comunidad y vincular a mujeres empresarias con otras cámaras y organizaciones.
Su visión del liderazgo femenino reconoce también los obstáculos que existen antes de llegar a una organización empresarial. Alamillo identifica condicionantes mentales y culturales relacionados con el papel tradicional de la mujer en el hogar, la maternidad y el cuidado de los hijos. La asociación reúne principalmente a quienes ya dieron el primer paso: mujeres con una idea, un proyecto o una empresa que decidieron integrarse a una comunidad.
Detrás de ellas permanece un universo de mujeres que quieren emprender, pero todavía no se atreven a hacerlo. Los cargos de la organización son honorarios. Ni la presidenta ni las integrantes del consejo y de la mesa directiva reciben remuneración económica por esa labor. Aun así, el equipo ha seguido creciendo con mujeres dispuestas a aportar tiempo, energía y creatividad.
UNA SUCESIÓN QUE QUISO ROMPER UN ESTIGMA
El relevo entre Mar Mejía y Edith Alamillo no fue planteado como ruptura. Después de trabajar juntas desde el inicio, la sucesión se resolvió mediante un proceso interno en el que la comunidad respaldó una planilla única. El propósito fue enviar un mensaje de continuidad, orden y armonía.
La intención era también desafiar la idea de que las organizaciones de mujeres terminan divididas por conflictos internos. Por eso, el relevo no quedó reducido a una ceremonia protocolaria.
La asociación organizó la primera edición de IMPULSA, encuentro que acompañó la toma de protesta con contenidos para la comunidad empresarial. El programa incluyó tres charlas a cargo de Carlos Anaya, de Kigo; Melanie Camacho, y Claudia Magdaleno, empresaria del sector startup de Guadalajara. La conferencia magistral estuvo a cargo de Javier Morodo, quien aportó una visión global de los negocios. Después de esa primera edición, comenzó a contemplarse su realización anual.
La propuesta de valor de la organización tampoco se limita a herramientas para hacer negocios. En su diseño se incorporaron temas de desarrollo personal, bajo la premisa de que la estabilidad individual influye en la manera de dirigir una compañía. Para Alamillo, las empresarias también son mujeres, esposas y madres; esas dimensiones forman parte de la realidad desde la que construyen sus proyectos.
EL LIDERAZGO TAMBIÉN SE ORGANIZA
La agenda de Edith Alamillo concentra varios frentes. Es madre, empresaria, dirige tres empresas y encabeza AMMJE Angelópolis. Su manera de sostener esas responsabilidades no descansa en hacerlo todo sola, sino en contar con equipos y estructuras capaces de respaldar cada unidad de negocio.
Ese principio se reproduce en la asociación. La mesa directiva está integrada por 16 personas y el funcionamiento depende de que cada una asuma la parte que le corresponde. La presidencia no es un ejercicio individual, sino una posición que coordina capacidades.
La trayectoria de Alamillo ayuda a entender ese modelo. Pasó de la contabilidad a la dirección financiera, de una empresa familiar a sus propios emprendimientos y de concentrarse durante años en la operación de negocios a descubrir el peso estratégico de una comunidad empresarial.
Su llegada a la presidencia no representa un giro ajeno a su historia profesional, sino una extensión de ella. La experiencia financiera, el conocimiento de la agroindustria y la práctica emprendedora ahora convergen en una tarea distinta: fortalecer una red de empresarias, tender alianzas y sostener una organización en crecimiento.
Edith Alamillo llegó a AMMJE Angelópolis después de aprender a construir empresas desde dentro; hoy, su reto es convertir esa experiencia en una plataforma para que más mujeres crezcan acompañadas.


