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UBICACIÓN, UBICACIÓN E INTELIGENCIA ARTIFICAL

Durante décadas, en Puebla y en todo México, una de las máximas más conocidas del sector inmobiliario ha sido: “ubicación, ubicación y ubicación”. Y seguramente seguirá siendo cierta. Un inmueble bien localizado difícilmente perderá esa ventaja. Sin embargo, una nueva variable comienza a incorporarse a la ecuación: la capacidad de utilizar datos e inteligencia artificial para tomar mejores decisiones en el ramo inmobiliario.

El negocio inmobiliario ha sido tradicionalmente intensivo en activos físicos: tierra, concreto, instalaciones y metros cuadrados. También ha sido un sector relativamente lento en la adopción de algunas tecnologías. Pero esto está cambiando. Hoy un inmueble puede ser, además de un activo físico, una enorme fuente de información.

La inteligencia artificial puede empezar a generar valor incluso antes de colocar el primer ladrillo. El análisis de crecimiento poblacional, movilidad, precios, competencia, hábitos de consumo, oferta disponible y comportamiento de la demanda permite responder con mayor precisión algunas de las preguntas fundamentales de cualquier proyecto: ¿qué construir?, ¿dónde?, ¿para quién? y ¿a qué precio?

Pero quizá una de las transformaciones más interesantes ocurre después de construir.

Sensores, sistemas de administración y algoritmos pueden analizar consumos de energía, climatización, utilización de espacios, estacionamientos, seguridad, limpieza y funcionamiento de equipos. La información histórica permite incluso anticipar determinadas fallas y programar mantenimientos antes de que un problema se convierta en una reparación costosa.

La comercialización también está cambiando. La IA permite analizar precios y tendencias, identificar prospectos, personalizar ofertas, generar recorridos virtuales y atender consultas prácticamente a cualquier hora. Esto no necesariamente elimina al asesor inmobiliario. Por el contrario, puede darle mejores herramientas para conocer al cliente, entender sus necesidades y llegar mejor preparado al momento de tomar una decisión.

Pero existe un cambio todavía más profundo: estamos pasando de administrar metros cuadrados a administrar experiencias.

Una oficina ya no compite solamente por ubicación y precio; también por la experiencia de quienes trabajan en ella. Un centro comercial necesita comprender cómo circulan sus visitantes. Un hotel debe conocer cada vez mejor las preferencias de sus huéspedes. Y un desarrollo residencial puede utilizar información para mejorar seguridad, servicios, mantenimiento y calidad de vida de las familias.

Recordemos que buena parte del valor inmobiliario está relacionado con su capacidad para generar flujo y no solamente la apreciación del inmueble. Si mediante tecnología podemos disminuir consumos, anticipar fallas, reducir costos operativos, mejorar ocupación o incrementar ingresos, estaremos mejorando el desempeño financiero del activo. Y un inmueble que genera mejores flujos puede también convertirse en un inmueble más valioso.

Por supuesto, no todo lo que contempla IA necesariamente agrega valor. Existen retos importantes relacionados con privacidad, ciberseguridad, calidad de los datos y dependencia tecnológica. También existe el peligro de invertir en soluciones sofisticadas simplemente porque están de moda.

Por eso, quizá el punto de partida no debería ser preguntarnos: “¿cómo incorporo inteligencia artificial a mis inmuebles?”, sino algo mucho más sencillo: ¿qué decisiones, costos, experiencias o ingresos podría mejorar utilizando mejor mis datos?

La ubicación seguirá importando, y mucho. Pero en los próximos años dos edificios ubicados prácticamente en el mismo lugar podrían tener desempeños muy diferentes dependiendo de cómo sean administrados.

Quizá el inmueble del futuro no será necesariamente el que tenga más tecnología, sino el que aprenda más rápido de quienes lo habitan y de la manera en que funciona.