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EL PESO QUE APRIETA: TIPO DE CAMBIO Y CRISIS TEXTIL EN MÉXICO

En julio de 2026, el tipo de cambio rondó los 17.48 pesos por dólar y analistas anticiparon mayor apreciación hacia fin de año. Para la mayoría, un peso fuerte suena a buena noticia: viajes baratos, electrónicos accesibles, inflación más contenida. Pero para más de un millón de trabajadores de la industria textil y de la confección, esa fortaleza se convierte en una trampa silenciosa que erosiona márgenes y amenaza empleos que en muchas regiones del país simplemente no tienen sustituto.

La mecánica es cruel en su simplicidad. Las empresas textiles exportadoras cobran en dólares, pero pagan nómina, energía y servicios en pesos. Cuando el peso se aprecia, cada dólar ingresado vale menos en moneda local. Los márgenes, ya de por sí delgados en un sector que compite con manufacturas asiáticas de bajo costo, se adelgazan todavía más. En 2025, las exportaciones cayeron 15% entre enero y septiembre, de 6,510 a 5,561 millones de dólares. El cierre del año arrojó 7,664 millones exportados frente a 13,271 millones importados: un déficit sectorial de 4,313 millones de dólares que expone la fragilidad estructural de la industria.

El tipo de cambio apreciado tampoco es neutral en el frente de las importaciones. Un dólar más barato abarata los textiles chinos, vietnamitas e indonesios que compiten directamente con la producción nacional en tiendas y mercados. Las confecciones asiáticas, que ya entran con precios muy agresivos, se vuelven aún más

baratas en anaquel. El fabricante queda atrapado entre dos fuerzas simultáneas: ingresos en dólares que valen menos y competencia importada que cuesta menos. El alivio parcial —insumos como hilos sintéticos y maquinaria también se abaratan— no alcanza para revertir el efecto neto negativo sobre la rentabilidad.

La ecuación es clara: un tipo de cambio apreciado premia al importador y castiga al exportador. Para la industria textil, ese castigo llega en el peor momento posible, cuando el sector acumula déficits y presiones competitivas de todos los flancos. La respuesta no puede depender solo de los vaivenes cambiarios: exige integración vertical, modernización productiva y una política industrial que distinga entre importaciones que complementan la cadena y las que simplemente la sustituyen.

¿Qué necesita el sector hoy? Tres líneas urgentes. Masificar coberturas cambiarias para pymes exportadoras, hoy reservadas a las grandes firmas. Activar el Plan México con foco textil real, priorizando compras de gobierno con contenido nacional verificable. Y acelerar la integración fibra- hilo-tela-confección en México, para que la volatilidad cambiaria afecte menos los costos productivos. La ventana del nearshoring sigue abierta. La pregunta es si el sector llegará a tiempo para aprovecharla.