La selva amazónica, clave para la estabilidad climática global, enfrenta una alarmante disminución de lluvias. Un nuevo estudio identificó que la deforestación es la principal causa de esta sequía. Investigadores confirman que la pérdida de bosques impacta directamente los patrones de precipitación, agudizando los efectos del cambio climático.

La deforestación altera el ciclo del agua
El análisis, liderado por expertos de la Universidad de São Paulo, reveló que el 74.5% de la reducción de lluvias durante la estación seca entre 1985 y 2020 se debe a la deforestación. Los árboles amazónicos, que generan más del 40% de la lluvia regional mediante transpiración, están desapareciendo a ritmo acelerado. Este proceso no solo disminuye la humedad atmosférica, sino que también eleva las temperaturas locales.
Entre los hallazgos clave del estudio destacan:
- 21 mm menos de lluvia anuales durante la estación seca.
- 2 °C de aumento térmico, con 16% atribuido a la pérdida forestal.
- Las zonas más deforestadas pierden hasta 50 mm de lluvia al año.
Estos efectos ya afectan a estados agrícolas como Mato Grosso, que en 2024 sufrió 150 días sin precipitaciones.
Impacto climático y económico más allá del Amazonas
La investigación demuestra que la deforestación no solo altera el equilibrio ecológico local, sino también el climático regional. El fenómeno de los “ríos voladores”, corrientes de vapor generadas por los árboles, influye en las lluvias de vastas zonas agrícolas sudamericanas. Si la tendencia continúa, para 2035 se perderían otros 7 mm de lluvia estacional, y la Amazonía podría parecerse al semiárido Cerrado.
Además:
- El 13.2% del bioma ya ha sido destruido.
- Solo en 2024 se quemaron 16 millones de hectáreas de bosque.
- La deforestación impacta directamente la seguridad alimentaria del continente.
Aunque las emisiones globales agravan la situación, la tala local acelera el proceso con consecuencias inmediatas y devastadoras.
El futuro climático de América del Sur está íntimamente ligado a la salud de la Amazonía. La deforestación no es solo una amenaza ambiental: es un riesgo socioeconómico. Sin acción inmediata, la sequía podría convertirse en la nueva normalidad.


