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Deuda de Pemex cae en 2025 y abre un respiro financiero para la petrolera

Pemex perdió 45,201 mdp en 2025, una caída marcada frente a los 780,587 mdp de 2024.

La deuda de Pemex vuelve al centro de la conversación económica tras un 2025 que deja señales de alivio para la empresa más emblemática del Estado mexicano. La petrolera reporta una reducción anual de 13% en sus pasivos financieros, hasta ubicarlos en alrededor de 85,248 millones de dólares, su nivel más bajo en 11 años.

El dato no llega aislado. También se acompaña de una caída drástica en las pérdidas frente a 2024 y de una narrativa oficial que atribuye el avance a una estrategia coordinada con las secretarías de Hacienda y Energía para mejorar vencimientos, liquidez y costo de financiamiento.

Deuda de Pemex y señales de saneamiento

Según el reporte enviado al mercado, la empresa redujo su saldo desde 97,632 millones de dólares al cierre de 2024 a 85,248 millones un año después. La administración sostiene que ese ajuste también representa una baja de 19% frente a 2018 y forma parte de una ruta de desendeudamiento diseñada para disminuir presiones de corto plazo.

A la par, Pemex informa que en 2025 pagó 580 mil millones de pesos en adeudos a proveedores, combinando recursos propios y un esquema financiero respaldado por Banobras, con capacidad de hasta 250 mil millones de pesos. Solo en el segundo semestre del año, ese mecanismo permitió liquidar 192 mil millones en obligaciones con proveedores y contratistas.

Resultados mejores, pero no definitivos

La empresa registra pérdidas por 45,201 millones de pesos en 2025, muy por debajo de los 780,587 millones observados en 2024. Además, reporta ingresos por ventas y servicios de 1.529 billones de pesos, una reducción de 13% en costo de ventas y una utilidad de operación de 60 mil millones.

Sin embargo, el respiro no cancela los riesgos. El otro enfoque sobre los resultados subraya que el saneamiento ocurre al mismo tiempo que persiste el declive en la producción de hidrocarburos y que el respaldo estatal sigue siendo decisivo para sostener la operación.

La lectura de fondo es clara: la deuda de Pemex muestra una mejora tangible, pero el verdadero reto no es solo bajar pasivos, sino convertir ese alivio en viabilidad de largo plazo. Si 2025 fue un respiro, 2026 pondrá a prueba si ese avance puede transformarse en una recuperación sostenible.