El Día de las mipymes, celebrado cada 27 de junio, reconoce su relevancia en la economía global. Estas micro, pequeñas y medianas empresas conforman el grueso del tejido empresarial, pero aún enfrentan limitaciones estructurales. En México y especialmente en estados como Puebla, su impacto en el empleo resalta frente a la escasa digitalización y acceso a financiamiento.

Motor económico global con retos persistentes
Las mipymes representan el 95.5% de las empresas en el mundo y generan hasta el 70% del empleo. La ONU destaca su rol clave en alcanzar metas como trabajo decente e innovación, pero señala un rezago crítico en financiamiento, formación y formalización.
En países en desarrollo, cerca del 41% de estas empresas encuentran grandes barreras para obtener crédito, lo que limita su potencial de crecimiento. Eventos recientes en Ginebra y Nueva York han buscado posicionar a estas unidades como eje de una agenda más justa y sostenible.
Iniciativas como academias virtuales y marcos regulatorios inclusivos podrían cambiar su panorama a mediano plazo.
Puebla: un ejemplo del peso laboral de las mipymes
En Puebla, el 97% de las unidades económicas son mipymes y emplean al 58% de la población ocupada. A diferencia de la media nacional, el estado muestra una mayor dependencia de estas empresas, especialmente las micro, que crecieron un 4.4% en el último año. Sin embargo, solo 22% de ellas utiliza equipo de cómputo y menos del 24% accede a internet, lo que evidencia una brecha tecnológica crítica. El 50.5% del personal en microempresas son mujeres, una proporción superior al promedio general.
Este rezago en digitalización y conectividad limita su competitividad, pese a su evidente aportación laboral y económica.
Las mipymes sostienen el empleo y dinamizan la economía, pero requieren atención urgente en inclusión financiera y digital. Invertir en su desarrollo no es solo una medida económica, sino una apuesta por un crecimiento más equitativo.


