OpenAI ha firmado un contrato histórico con Oracle por 300,000 millones de dólares para potenciar su infraestructura de inteligencia artificial. El acuerdo, centrado en servicios de computación en la nube, es el más ambicioso del sector hasta la fecha. Este movimiento estratégico plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento de la IA y el futuro de los centros de datos.

Un pacto colosal en plena fiebre por la IA
El contrato prevé que Oracle proporcione a OpenAI una potencia eléctrica de 4,5 gigavatios, equivalente al consumo de cuatro millones de hogares. Esta infraestructura permitirá operar más de dos millones de chips, esenciales para entrenar modelos de IA avanzados.
La alianza se enmarca en el proyecto Stargate, iniciativa conjunta para crear centros de datos de última generación.
Datos clave del acuerdo:
- Vigencia: 5 años (desde 2027)
- Valor: 300,000 millones de dólares
- Escenario: auge global de la demanda de infraestructura IA
Aunque Oracle anticipa ingresos crecientes desde 2027, OpenAI aún no genera beneficios y proyecta pérdidas hasta 2029. La compañía dirigida por Sam Altman arrastró 5,000 millones de dólares en pérdidas solo en 2024.
Riesgos compartidos y apuestas a largo plazo
Oracle apuesta fuerte por un solo cliente en un entorno volátil, aunque sus acciones subieron casi 40% tras anunciar el contrato. La tecnológica espera ingresos por más de 140,000 millones anuales en cuatro años gracias a su infraestructura en la nube.
Analistas comparan esta expansión con una “fiebre del oro” en Wall Street por el auge de la IA.
OpenAI, por su parte, busca independizarse parcialmente de Microsoft y diversificar su red de proveedores.
Además del contrato con Oracle, explora la fabricación de chips propios con Broadcom y el desarrollo de un nuevo dispositivo móvil. Estas apuestas, aún en fase temprana, revelan su ambición de dominar todo el ecosistema de la IA.
El acuerdo entre OpenAI y Oracle podría redefinir el mapa tecnológico global si logra cumplir sus ambiciosas promesas. Sin embargo, el tamaño de la inversión y la incertidumbre regulatoria anticipan años complejos para ambas compañías. El éxito dependerá de la madurez del mercado de inteligencia artificial.


