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G20 en crisis: sin Estados Unidos ni potencias clave en Sudáfrica

El plan de paz de EE.UU. para Ucrania tensó la cumbre y generó divisiones pese a la ausencia de Trump.

La cumbre del G20 en Sudáfrica arrancó este 22 de noviembre marcada por la palabra clave principal: ausencias. Por primera vez en su historia, Estados Unidos no cuenta con representación oficial, sumándose a las bajas de líderes como Xi Jinping, Vladimir Putin, Claudia Sheinbaum y Javier Milei. El contexto global y la tensión por la guerra en Ucrania agravan la falta de consensos.

Un G20 sin peso político: líderes ausentes y tensiones internas

La edición 2025 del G20 refleja una pérdida significativa de influencia geopolítica. La ausencia de Trump, Xi, Putin, Sheinbaum y Milei vacía simbólicamente una cumbre que tradicionalmente ha sido clave para la gobernanza económica global. Desde México y Argentina, las decisiones fueron más administrativas: Sheinbaum priorizó asuntos locales y Milei delegó en su canciller. Ambos mandatarios comparten un bajo perfil internacional en este tipo de foros. Más polémico fue el retiro total de EE.UU., motivado por posturas ideológicas de Trump sobre Sudáfrica y el supuesto maltrato a los afrikáners. Su boicot institucional sin enviar delegación oficial es inédito.

Paz en Ucrania y división en Occidente: otro eje de fractura

La propuesta de un acuerdo de paz elaborado por Washington para Ucrania dividió aún más a los asistentes. Aunque Trump no viajó, su presión sobre Kiev generó tensión en la agenda. Líderes como Macron, Von der Leyen y el canciller alemán rechazaron cualquier plan que no cuente con aprobación europea y ucraniana. La desconfianza crece al saberse que la propuesta favorece indirectamente al Kremlin. Sudáfrica intenta salvar la cumbre enfocándose en desigualdad, deuda global y transición energética, pero las fracturas dificultan una declaración conjunta. La sombra de la guerra y las ausencias dominan el evento.

La cumbre del G20 en Sudáfrica refleja una clara erosión del multilateralismo. Sin consensos visibles ni líderes influyentes presentes, el foro se ve relegado ante una coyuntura geopolítica cada vez más polarizada. El futuro del G20 dependerá de su capacidad para adaptarse a un orden mundial en transición.