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LA CONSERVACIÓN VIAL: COLUMNA VERTEBRAL DEL DESARROLLO Y LA COMPETITIVIDAD GLOBAL

En el escenario económico mundial, la infraestructura vial no solo facilita el transporte; es el sistema circulatorio de las naciones. Por ello, la conservación de carreteras ha pasado de ser una tarea reactiva a una estrategia proactiva de seguridad, productividad y sostenibilidad. Mientras en países como Estados Unidos, Canadá o las naciones nórdicas la conservación es política de Estado, en muchas economías en desarrollo sigue siendo una asignatura pendiente, con enormes costos sociales y económicos.

La conservación de la red carretera es multifacética y esencial:
1. Seguridad vial: un pavimento en buen estado

es la primera barrera contra los accidentes. La falta de conservación incrementa los riesgos y provoca tragedias.

2.Competitividad logística: menores tiempos de traslado y menor desgaste vehicular reducen los costos de producción, fortaleciendo la competitividad industrial.

3. Sostenibilidad fiscal: mantener una carretera cuesta hasta cinco veces menos que reconstruirla. La conservación es una medida de austeridad y eficiencia financiera.

4.Desarrollo social y territorial: las carreteras en buen estado garantizan acceso a educación, salud y oportunidades, combatiendo la desigualdad.

La inversión en México: una brecha por cerrar Comparado con países de tamaño y población similares, México invierte mucho menos en conservación vial. Brasil destina más del 0.7% de su PIB a mantenimiento, e Indonesia ha consolidado programas masivos respaldados por organismos multilaterales. En México, la inversión ha sido irregular e insuficiente. Aunque existen esfuerzos destacables, los recursos no compensan el deterioro acumulado ni el crecimiento de la red. Sin un fondo permanente y blindado para mantenimiento, el país permanecerá atrapado en un ciclo de deterioro y costosas reconstrucciones. La meta debe ser elevar la inversión sostenida al menos al 0.5% del PIB.

Mejores procesos para la red estatal y federal Optimizar los recursos requiere aplicar los mejores procesos y herramientas disponibles. Desde la CMIC Puebla proponemos una transformación basada en cinco pilares:

1.Gestión de activos viales: implica sustituir decisiones subjetivas por datos técnicos. Con herramientas como el HDM-4 o software modernos de gestión, se puede conocer el estado de cada kilómetro de la red, predecir su comportamiento y priorizar intervenciones según criterios técnicos y económicos.

2.Conservación proactiva y preventiva: debemos migrar del modelo “romper y reparar” a uno basado en intervenciones tempranas. Técnicas como sellado de grietas, tratamientos superficiales o microcarpetas prolongan la vida útil del pavimento a una fracción del costo de una rehabilitación mayor.

3.Tecnología y materiales de vanguardia: es indispensable incorporar innovaciones como:

•Reciclado de pavimentos, en frío o caliente, que reduce costos hasta 40%, disminuye la huella de carbono y preserva recursos naturales.

• Estabilización de suelos, para mejorar la capacidad estructural en carreteras con terrenos problemáticos.

•Aditivos y mezclas asfálticas de alto desempeño, como las modificadas con polímeros o las mezclas tibias, que ofrecen mayor durabilidad y resistencia.

4.Contrataciones basadas en desempeño (PBC): debemos sustituir los contratos por volumen de materiales por esquemas donde el pago dependa del cumplimiento de indicadores de calidad y durabilidad. Así, los intereses del contratista se alinean con los del gobierno, garantizando soluciones sostenibles.

5. Coordinación federal-estatal: es necesaria una estrategia unificada. Aunque la red federal es crucial, las redes estatales son el alma del sistema. Se requiere transferencia de conocimiento, estandarización de normativas y esquemas de coinversión que eleven el nivel de toda la infraestructura vial.

La conservación de carreteras es una de las inversiones públicas más rentables. No es un gasto, es la base para un México más seguro, conectado y próspero.

Desde la CMIC, reiteramos nuestro compromiso de colaborar con los tres niveles de gobierno para fortalecer las políticas de conservación, aportar tecnología, conocimiento y capacidad productiva, y avanzar hacia un modelo moderno y eficiente que convierta a México en un referente internacional.

El momento de actuar es ahora.