En Puebla, existe una clara necesidad de fortalecer y promover una auténtica cultura de la filantropía. No como un acto asistencialista mal entendido, sino como una acción social estratégica que impulse un desarrollo integral, justo y sostenible para nuestro estado. La filantropía debe trascender la visión simplista de “ayudar a los pobres”; porque consiste en el compromiso voluntario de las empresas para destinar recursos económicos, humanos o técnicos a iniciativas que beneficien a la sociedad, más allá de sus obligaciones legales o comerciales.

Porque a diferencia de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), que se integra al modelo de negocio, la filantropía suele ser un apoyo adicional dirigido a causas sociales, educativas, ambientales o culturales. La filantropía empresarial tiene en su esencia características como la voluntariedad que surge de la convicción ética de la empresa o sus líderes, debe proponer un enfoque y alcance estratégico ya sea asistencial o transformador, también fortalece la reputación y la vinculación con la comunidad.
Y en la práctica puede verse en donativos a fundaciones y a ONGs; becas para estudiantes en situación vulnerable, apoyo a proyectos de infraestructura comunitaria (escuelas, hospitales) y en patrocinios de programas culturales o deportivos. En contextos como Puebla, donde persisten desigualdades, de acuerdo al INEGI (2024) el 62.4% de la población se ubica en situación de pobreza colocando a nuestro estado como el tercero en este rubro, y CONEVAL reporta que el 54% de poblanos reporta alguna carencia social.
Entonces la filantropía empresarial es un necesario catalizador del desarrollo, evitando el paternalismo y respetando la autonomía de las comunidades, alineando las acciones con los objetivos de Desarrollo sostenible y que promueva la articulación entre el sector privado, el gobierno y la sociedad civil. Debe entenderse como un compromiso colectivo que, bajo los principios de solidaridad y subsidiariedad, active mecanismos legítimos para apoyar a quienes más lo necesitan hacia el bien común.
Porque no se trata de dar por dar, sino de capacitar, acompañar y generar oportunidades que permitan a las personas y comunidades alcanzar su pleno potencial. Como empresarios, nuestra primera vocación es, sin duda, la económica, sin embargo, esto no nos exenta de nuestra responsabilidad de ser agentes de cambio positivo.
Ser una empresa solidaria implica actuar con respeto y responsabilidad ante todos los grupos con los que se interactúa como son sus colaboradores, clientes, accionistas, proveedores, comunidad y los diferentes niveles degobierno.
La verdadera filantropía está íntimamente ligada al bien común, entendida como una decisión consciente de generar acciones que mejoren las condiciones de vida, promuevan la equidad y construyan entornos donde cada persona pueda desarrollarse con dignidad. Esto no solo beneficia a los más vulnerables, sino que fortalece el tejido social y económico de todo el estado, porque en un marco de igualdad y justicia todos podemos ser mejores. Por ello, hago un llamado muy puntual a mis colegas empresarios y a las empresas poblanas a sumarse a esta visión. Invito a que se sumen a la filantropía y a la Responsabilidad Social Empresarial como pilares de su operación, no por obligación, sino por convicción.
Aprovecho para felicitar a Monseñor Víctor Sánchez Espinosa y a nuestros amigos de Cáritas y del Club Rotario Puebla Industrial, porque su esfuerzo ha dado frutos para el apoyo a las personas más vulnerables con la inauguración del Centro de Diagnóstico “Sara Ingrid Ruiz Dorantes” logrando que la salud pueda estar al alcance de todos. La filantropía empresarial no sustituye las obligaciones del Estado, ni la RSE, pero es una herramienta poderosa para construir bien común, y debe practicarse con solidaridad, subsidiariedad y visión estratégica, invitando a más empresas a sumarse desde sus capacidades. El momento es ahora. La filantropía bien entendida no es caridad, es justicia social en acción.


