La segunda marcha contra la gentrificación en Ciudad de México inició de forma pacífica, pero concluyó con incidentes violentos. Vecinos y colectivos denunciaron megaproyectos inmobiliarios que, afirman, desplazan a comunidades originarias y elevan costos de vida. La presencia policial y algunos actos vandálicos marcaron la jornada, reabriendo el debate sobre urbanismo y desigualdad.

Tensión entre policías y manifestantes
La movilización partió desde Fuentes Brotantes, encabezada por pueblos originarios y acompañada por 600 personas. El objetivo fue exigir la cancelación del proyecto Fuentes Brotantes 134, señalado como amenaza social y ambiental. Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana encapsularon a manifestantes para evitar destrozos, lo que derivó en confrontaciones verbales.
Algunos encapuchados rompieron cristales de estaciones del Metrobús, pese a que organizadores habían pedido mantener el carácter pacífico. Tres personas recibieron atención médica menor; una mujer resultó lesionada por una piedra. Autoridades aseguraron que la mayoría del contingente se dispersó sin incidentes graves.
Contexto del fenómeno de gentrificación
La gentrificación consiste en la transformación de barrios populares mediante inversiones que elevan precios y expulsan a residentes históricos. En CDMX, este fenómeno ha afectado zonas como Roma, Condesa y Juárez, impulsado por la llegada de nómadas digitales y plataformas de hospedaje temporal.
Vecinos de Tlalpan alertan que proyectos similares podrían replicar ese patrón en el sur de la ciudad. Durante la marcha, los colectivos advirtieron sobre el riesgo cultural y ambiental que implican los megaproyectos. El gobierno capitalino reiteró su disposición al diálogo, aunque no se anunció la suspensión del plan inmobiliario.
La protesta evidenció la creciente tensión entre desarrollo urbano y derecho a la vivienda. El reto para autoridades será equilibrar inversión y preservación comunitaria, evitando que la gentrificación agrave la desigualdad en la capital.


