Ozzy Osbourne, ícono del heavy metal y fundador de Black Sabbath, murió a los 76 años, aunque no se ha revelado la causa de su deceso, se sabía de su lucha contra el Parkinson. El músico británico no solo marcó la historia del rock, sino que también construyó una fortuna millonaria gracias a su carrera artística, conciertos multitudinarios y proyectos televisivos.

El último adiós del ‘Príncipe de las Tinieblas’
La familia confirmó que Ozzy murió rodeado de sus seres queridos, dos semanas después de ofrecer su concierto de despedida, Back to the Beginning. El histórico show reunió a la formación original de Black Sabbath y recaudó 190 millones de dólares para causas benéficas.
A pesar de sus problemas de salud, interpretó clásicos como “Crazy Train” y “Paranoid” ante 40 mil fanáticos y millones en línea, reafirmando su título de “Padrino del Heavy Metal”. Este espectáculo se convirtió en un homenaje global a su carrera de más de cinco décadas.
Una fortuna construida a base de música y televisión
Según estimaciones, Ozzy Osbourne acumuló un patrimonio de unos 220 millones de dólares. Sus ingresos provinieron principalmente de:
- Ventas discográficas: más de 100 millones en todo el mundo.
- Giras y conciertos: miles de presentaciones en 50 años de carrera.
- Televisión: el reality The Osbournes generó millones en contratos y publicidad.
A esto se suman regalías por derechos musicales y acuerdos publicitarios que lo mantuvieron como uno de los artistas más rentables del género.
La partida de Ozzy Osbourne cierra una era para el heavy metal, pero su legado artístico y su visión para monetizar su marca lo consolidan como un ícono cultural y financiero en la industria musical. Su vida ejemplifica cómo la música puede trascender generaciones y convertirse en un emporio global.


