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Nvidia y AMD pagarán 15% de ingresos por ventas de chips en China a Estados Unidos

China propone que Estados Unidos relaje el control de chips HBM para facilitar un posible pacto comercial.

Nvidia y AMD alcanzaron un acuerdo sin precedentes con el Gobierno de Estados Unidos para pagar el 15% de los ingresos obtenidos por la venta de chips avanzados en China. Este pacto, clave en la disputa tecnológica con Pekín, permitirá a ambas empresas reanudar exportaciones estratégicas tras meses de restricciones.

Un pacto inédito en la industria de semiconductores

El convenio autoriza a Nvidia y AMD a vender nuevamente sus modelos H20 y MI308 en el mercado chino, a cambio de ceder un porcentaje de sus ingresos a Washington. Según fuentes cercanas a las negociaciones, el uso de estos fondos aún no está definido. Especialistas en comercio exterior consideran que es la primera vez que una empresa estadounidense acepta este tipo de compensación por licencias de exportación. El contexto geopolítico refuerza el valor del acuerdo. Las medidas forman parte de la estrategia comercial de la administración Trump para proteger la industria nacional y limitar la dependencia tecnológica de China. A su vez, Pekín sigue dependiendo de proveedores extranjeros para abastecer su creciente demanda en inteligencia artificial.

Tensiones y demandas cruzadas

Paralelamente, medios chinos han cuestionado la seguridad del chip H20, insinuando posibles funciones ocultas para rastreo o control remoto, acusaciones que Nvidia niega rotundamente. El fabricante asegura que no incorpora “puertas traseras” y mantiene estándares estrictos de ciberseguridad. Desde el lado chino, funcionarios han planteado que Estados Unidos flexibilice el control sobre chips de memoria de alto ancho de banda como parte de un eventual acuerdo comercial. Estas conversaciones ocurren en la antesala del vencimiento de una tregua arancelaria que podría reavivar las tensiones bilaterales.

El acuerdo entre Nvidia, AMD y Estados Unidos no solo redefine las reglas para la exportación de chips, sino que también abre un capítulo estratégico en la guerra tecnológica con China. Su impacto dependerá de las negociaciones comerciales en curso y de la capacidad de ambas potencias para evitar una nueva escalada.