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Reloj del Fin del Mundo: la humanidad queda a 85 segundos de la medianoche

El Reloj del Fin del Mundo no predice, advierte: la cooperación puede alejar a la humanidad del riesgo.

El Reloj del Fin del Mundo marca en 2026 su punto más alarmante desde su creación al situarse a solo 85 segundos de la medianoche. La decisión, anunciada por el Boletín de Científicos Atómicos, refleja la creciente incapacidad global para contener riesgos que amenazan la estabilidad del planeta.

Un indicador simbólico de riesgo global

El Reloj del Fin del Mundo es un mecanismo simbólico que evalúa la probabilidad de una catástrofe provocada por la humanidad. Cada año, expertos analizan variables como proliferación nuclear, crisis climática, conflictos armados y amenazas tecnológicas para ajustar su posición.

En esta edición, el reloj avanzó cuatro segundos respecto al año anterior, alcanzando el punto más cercano al colapso global. Los científicos advierten que el deterioro del contexto internacional ha sido constante y acelerado.

Entre los factores determinantes destacan la persistencia de guerras como las de Ucrania y Gaza, así como el debilitamiento de los mecanismos de cooperación internacional. A ello se suma la falta de avances en desarme nuclear y el agravamiento de la crisis climática, con indicadores ambientales en máximos históricos.

Los expertos también subrayan el papel creciente de la inteligencia artificial como riesgo emergente, especialmente por su uso en la desinformación. Este fenómeno complica la toma de decisiones públicas y erosiona la confianza social, amplificando otros riesgos existentes.

Liderazgo global bajo cuestionamiento

El comité científico señala un déficit de liderazgo político a escala mundial. La falta de coordinación entre potencias y el repliegue hacia posturas nacionalistas han reducido la capacidad de respuesta colectiva frente a amenazas que no reconocen fronteras.

Aunque el Reloj del Fin del Mundo no busca predecir el futuro, sí pretende advertir sobre la urgencia de actuar. La historia del reloj demuestra que, cuando existen acuerdos y cooperación internacional, es posible alejar a la humanidad del punto crítico.

El ajuste de 2026 no es una sentencia, sino una llamada de atención. Para los científicos, revertir esta tendencia dependerá de decisiones políticas inmediatas que prioricen la cooperación, la regulación tecnológica y la sostenibilidad ambiental antes de que el margen de maniobra se reduzca aún más.