Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz 1992, recibió la nacionalidad mexicana tras décadas de estrechos vínculos con el país. La Secretaría de Relaciones Exteriores entregó el documento que la acredita como ciudadana, en un acto que simboliza reconocimiento y compromiso hacia la defensa de los derechos humanos y de los pueblos originarios.

Reconocimiento a una vida dedicada a la justicia
El canciller Juan Ramón de la Fuente entregó la carta de naturalización en nombre de la presidenta Claudia Sheinbaum. Durante la ceremonia, destacó la trayectoria de Menchú en la defensa de comunidades indígenas y su papel en foros internacionales.
La activista ha impulsado programas educativos interculturales y promovido los derechos de las mujeres. Además, su voz ha sido clave en la construcción de políticas para combatir la discriminación estructural en América Latina. Este acto oficial reafirma la relevancia de su labor más allá de las fronteras guatemaltecas.
Un lazo que comenzó en el exilio
Menchú se exilió en México en 1981, tras la violencia del conflicto armado guatemalteco. Desde entonces, el país ha sido un espacio seguro para continuar su activismo. Aquí fortaleció redes y colaboró con instituciones académicas y organizaciones civiles.
En 1992 recibió el Premio Nobel de la Paz, siendo la primera mujer indígena galardonada. Con el reconocimiento fundó proyectos para fortalecer la cultura de paz y los derechos humanos. Su nacionalización simboliza la integración de su historia con México, nación que ha acompañado sus luchas durante más de cuatro décadas.
La nacionalización de Rigoberta Menchú refuerza el vínculo histórico entre México y las causas sociales de América Latina. Su legado trasciende fronteras y se proyecta hacia nuevas generaciones que buscan justicia e igualdad, consolidando un mensaje universal: la defensa de los derechos humanos no conoce límites geográficos.


