Hay iniciativas que nacen de estrategias minuciosamente elaboradas; otras, en cambio, brotan de la manera más humana y simple: de una amistad. La misión comercial entre Puebla y Veracruz pertenece precisamente a esta segunda categoría.

Todo comenzó en las aulas del programa de Alta Dirección (IPADE) de la Universidad Panamericana. Fue ahí donde Andrés Montalvo y yo empezamos a soñar con la posibilidad de unir a nuestras comunidades empresariales. La camaradería académica se convirtió pronto en una genuina alianza profesional. Semanas después, durante una jugada de golf en La Vista, la idea tomó forma: desde mi responsabilidad en la vicepresidencia de CANACINTRA Puebla y Andrés desde COPARMEX Veracruz, decidimos tender puentes reales entre ambas entidades y convocar a empresarios de todos los sectores para construir un proyecto conjunto, sólido y duradero.
La respuesta superó cualquier expectativa. Cuatro meses de trabajo constante dieron como resultado una misión comercial que reunió a más de 250 empresarios poblanos y veracruzanos en el puerto de Veracruz. Desde el primer día, a finales de noviembre, se respiró el potencial de una colaboración que apenas comenzaba a escribirse.
El arranque no pudo tener mejor escenario: un torneo de golf en el Club Villarrica que permitió romper el hielo y propició conversaciones naturales entre industriales de ambos estados. Más tarde, un cóctel en el Hotel Emporio reafirmó el ambiente de sinergia y apertura. Pero el momento más impactante de la misión se vivió durante la visita a la Asipona de Veracruz, el corazón logístico que impulsa buena parte de la economía del país.
Recorrer sus instalaciones fue presenciar la magnitud real del sistema portuario mexicano: más de 1,200 hectáreas dedicadas a recibir, almacenar y distribuir mercancías provenientes de todo el mundo. Desde alimentos y materiales de construcción hasta productos metalmecánicos, mármol, muebles y tecnología, el flujo de bienes parecía interminable. Especial atención mereció el gigantesco parque vehicular: miles de autos importados desde Estados Unidos y Europa organizados en edificios de hasta 15 niveles, los más grandes de Latinoamérica. Un espectáculo industrial pocas veces visto con tal claridad.
Tras dos horas de recorrido, la misión culminó con un vibrante espacio de networking donde se intercambiaron contactos, ideas y oportunidades reales de negocio. La hospitalidad del almirante Eloy Caballero Rosas, director administrativo del sistema portuario, hizo sentir en casa a todos los asistentes, incluidos empresarios de otros estados y representantes internacionales, como los provenientes de Gijón, España, interesados en abrir nuevas rutas logísticas entre México y Europa.
Quedó claro que este logro fue posible gracias a la suma de voluntades. Desde el compromiso de Carlos Sosa Spínola, presidente de CANACINTRA Puebla; mi participación en la vicepresidencia; el impulso de Alejandro Espinosa desde misiones comerciales; de Beatriz Camacho, presidenta de COPARMEX Puebla y el liderazgo de COPARMEX Veracruz a través de su presidente Adrián Maynes, el vicepresidente Andrés Martínez Lastra y el presidente de la Comisión de Desarrollo, Andrés Montalvo. A ello se sumó la colaboración de cámaras como COMCE, CMIC y CANACO, cuya participación fue esencial para convertir esta misión en una realidad. Cuando existe intención genuina de colaborar, los proyectos no solo avanzan: trascienden.
Lo más emocionante es que esta misión apenas marca el inicio. En 2026 recibiremos en Puebla a los industriales veracruzanos para continuar fortaleciendo esta nueva revolución comercial que ya ha despertado el interés de Querétaro, Hidalgo, Nuevo León, Coahuila y otros estados que buscan integrarse.
Cuando la amistad y la visión empresarial se encuentran, los resultados dejan de ser simples proyectos para convertirse en realidades transformadoras. Y esta misión, sin duda, es prueba viva de ello.
Les deseo felices fiestas y un gran año 2026, que cumplan todos sus sueños, hasta la próxima.


