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Claudia Sheinbaum hace historia con su primer Grito de Independencia

Por primera vez, una presidenta encabezó el Grito, escoltada por una inédita guardia militar femenina.

Claudia Sheinbaum, primera presidenta de México, encabezó su histórico Grito de Independencia ante más de 280 mil personas en el Zócalo. En un acto cargado de simbolismo político, resaltó el papel de las mujeres, los pueblos indígenas y los migrantes. La ceremonia marcó un hito en la narrativa republicana mexicana contemporánea.

Una noche histórica frente al país y al mundo

Por primera vez en 215 años, una mujer lideró el acto cívico más emblemático de México. Sheinbaum apareció en el balcón del Palacio Nacional flanqueada por una escolta militar integrada solo por mujeres, una escena inédita. La bandera nacional le fue entregada por la teniente Jennifer Torres y una escolta del Heroico Colegio Militar.

Durante el discurso, Sheinbaum evocó a figuras como Leona Vicario y Gertrudis Bocanegra, intercalando nombres femeninos y masculinos como gesto de equidad histórica. También hizo una reverencia simbólica ante el retrato de Vicario, que por primera vez fue colocado en la Galería de Presidentes del Palacio. Todo el evento buscó reforzar un nuevo relato de inclusión y justicia social desde el poder.

Un Grito que reconfigura el discurso patriótico

La mandataria dedicó su proclama a las “heroínas anónimas”, las mujeres indígenas y la comunidad migrante. Enfatizó valores como la libertad, la igualdad, la democracia y la justicia. A su vez el apellido de soltera de Josefa Ortiz, como un gesto de reivindicación feminista. 

Este acto no solo reafirmó la soberanía nacional, sino también posicionó un nuevo tipo de liderazgo presidencial. Lejos de fórmulas tradicionales, Sheinbaum propuso una visión más amplia y diversa de lo que representa “la patria”. La presencia de su esposo y el ambiente festivo con artistas populares cerraron una jornada cargada de mensaje político.

El Grito encabezado por Claudia Sheinbaum marca un parteaguas en la historia cívica del país. Más allá del simbolismo, refuerza una narrativa de inclusión y transformación que podría definir su presidencia en los años por venir.