En abril de 2024, la Cámara de Diputados aprobó en comisiones la iniciativa para reducir la jornada laboral en México de 48 a 40 horas semanales, una reforma al Artículo 123 Constitucional. Si bien el objetivo es mejorar la calidad de vida de los trabajadores, esta medida plantea retos significativos para sectores industriales como el textil, que representa más de 1.2 millones de empleos formales e informales en México, según datos del INEGI.
La industria textil mexicana, principalmente concentrada en estados como Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Guanajuato y Jalisco, trabaja bajo modelos de producción continua. Las fábricas operan las 24 horas del día, siete días a la semana, atendiendo mercados nacionales e internacionales, en un entorno de competencia desleal, donde el 70% de los textiles vendidos en México provienen de Asia, muchos mediante prácticas como la subvaluación o el contrabando.

Reducir la jornada laboral sin flexibilidad incrementaría costos laborales hasta un 15%. Esto debido a la necesidad de contratar personal adicional para cubrir los mismos volúmenes de producción, además de los costos relacionados con seguridad social, capacitaciones y menor productividad.
Por ello, desde la Cámara de la Industria Textil de Puebla y Tlaxcala se propone un modelo de jornada anualizada, es decir, que las 2,000 horas anuales (40 horas semanales por 50 semanas laborales) puedan distribuirse de forma flexible, conforme a las necesidades operativas y mediante acuerdos entre empresas, sindicatos y trabajadores. Modelos como el turno 4×4 o jornadas de 12×12 permitirían cumplir con el nuevo límite anual sin sacrificar la productividad ni forzar un aumento desmedido de costos.
El sector textil no se opone al cambio: reconoce la importancia de adaptar las condiciones laborales a estándares internacionales. Sin embargo, advierte que es necesario un enfoque gradual y adaptado a la realidad productiva de cada sector. De no atenderse, esta medida podría derivar en cierre de empresas, pérdida de empleos y una mayor dependencia de productos importados.
México necesita fortalecer su industria textil como motor económico y generador de empleo. La reducción de la jornada debe implementarse de manera responsable, garantizando derechos laborales, sin comprometer la viabilidad operativa de uno de los sectores industriales más tradicionales y estratégicos del país.


