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México presenta Coatlicue, su nueva supercomputadora nacional

El sistema se alojará en 200 gabinetes climatizados y requerirá un personal técnico cercano al centenar.

Con 314 mil billones de operaciones por segundo, Coatlicue será la supercomputadora pública más poderosa de América Latina. El gobierno mexicano impulsa este proyecto para fortalecer el uso de inteligencia artificial y resolver desafíos nacionales clave. La inversión pública supera los 6 mil millones de pesos.

Un salto tecnológico con enfoque público

Coatlicue marcará un antes y un después en el desarrollo científico y tecnológico de México. Tendrá unas 15 mil GPUs, equivalente al poder de 375 mil computadoras personales. Su capacidad superará siete veces la de la actual líder en la región, una máquina privada en Brasil.

El gobierno prevé su construcción entre 2026 y 2028. Claudia Sheinbaum la definió como una “supercomputadora del pueblo” que pondrá el poder del supercómputo al servicio del desarrollo nacional. Permitirá realizar tareas como:

  • Predicción de desastres naturales
  • Exploración energética subterránea
  • Planeación agrícola y energética
  • Detección de corrupción fiscal

Este avance también consolidará la soberanía tecnológica del país.

Ciencia, datos y colaboración internacional

Coatlicue será el nodo central de una red nacional de supercómputo que incluye a universidades como la UNAM y el IPN. El proyecto forma parte del Plan México y cuenta con apoyo internacional, como el convenio firmado con el Centro de Supercómputo de Barcelona.

Funcionará en 200 gabinetes refrigerados y requerirá una plantilla base de hasta 100 personas. José Antonio Peña Merino destacó su papel en salud, movilidad, energía y telecomunicaciones. Además, ofrecerá capacidad a emprendedores y empresas, generando un modelo autosustentable.

Su integración permitirá procesar grandes volúmenes de datos que, hasta ahora, requerían semanas o meses, modernizando la toma de decisiones en el sector público.

Coatlicue posiciona a México como referente en tecnología de alto rendimiento. Más allá de su potencia, su valor estratégico radica en democratizar el acceso al supercómputo y abrir nuevas rutas para el desarrollo científico y económico del país.