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Virus de Marburgo avanza en África con letalidad del 88 %

El contagio suele iniciar por exposición humana a murciélagos frugívoros portadores del virus.

El virus de Marburgo, una fiebre hemorrágica altamente letal, ha reaparecido en África Oriental, encendiendo las alarmas de la OMS. Con una tasa de mortalidad que puede alcanzar el 88 %, el organismo internacional pide reforzar medidas de prevención. El reciente brote en Etiopía refleja el riesgo de expansión sin controles sanitarios eficaces.

¿Qué es el virus de Marburgo y cómo se transmite?

Este virus pertenece al mismo grupo filogenético del ébola, pero es causado por cepas distintas. Se identificó por primera vez en 1967 tras un brote en laboratorios europeos que manipulaban monos africanos. Desde entonces, ha generado focos esporádicos en varias regiones del continente africano.

Su transmisión se origina comúnmente por contacto humano con murciélagos frugívoros infectados. Posteriormente, el contagio entre personas ocurre mediante fluidos corporales o materiales contaminados. El personal médico y los asistentes a funerales sin protección están entre los más expuestos.

Frente a esta amenaza, la OMS reitera la importancia del rastreo de contactos y el aislamiento oportuno de pacientes sospechosos.

Síntomas y tratamiento: ¿por qué es tan letal?

La enfermedad inicia bruscamente con fiebre alta, cefalea intensa y fatiga general. En pocos días, puede avanzar a hemorragias internas, vómitos con sangre y daño neurológico, incluyendo confusión y agresividad. La muerte puede sobrevenir en apenas una semana si no hay intervención médica rápida.

El tratamiento se limita al manejo de síntomas: hidratación, transfusiones y soporte vital. Actualmente no existen vacunas ni antivirales aprobados, aunque ya se evalúan candidatos en fase experimental.

La OMS ha desplegado equipos sanitarios en Etiopía para contener el brote, evitar la expansión regional y probar respuestas terapéuticas.

El avance del virus de Marburgo exige atención global urgente. Aunque se limita a África por ahora, su alta letalidad y transmisión rápida pueden tener consecuencias más amplias. La ciencia y la cooperación internacional son claves para evitar una nueva crisis sanitaria.