Xabi Alonso ha sido destituido como entrenador del Real Madrid tras la derrota ante el FC Barcelona en la Supercopa de España. La decisión sacude al club blanco y marca el fin de un proceso que, pese a la expectativa inicial, nunca logró consolidarse.

Un proyecto debilitado desde el inicio
El Real Madrid fichó a Xabi Alonso tras su histórica campaña invicta con el Bayer Leverkusen, pero su llegada no contó con el respaldo total de la directiva. Florentino Pérez nunca fue su principal impulsor, y desde el primer día surgieron tensiones internas.
Su gestión generó fricciones con figuras clave del vestuario, como Vinícius Júnior, lo que agravó su falta de autoridad. Además:
- Perdió partidos cruciales: contra Celta, Atlético y Liverpool.
- Su relación con la plantilla y decisiones tácticas fueron cuestionadas.
- Sufrió una ola de lesiones que afectó el rendimiento del equipo.
Álvaro Arbeloa, exjugador y técnico del Castilla, asumirá el mando de forma interina.
Derrota final y tensiones insostenibles
La caída ante el Barcelona (3-2) en Arabia Saudita marcó el punto de quiebre. Aunque se anunció como un “mutuo acuerdo”, fuentes cercanas revelan que fue un despido decidido tras semanas de tensión acumulada.
Alonso nunca logró implementar su estilo con libertad, se sintió limitado y sin apoyo. Su intento de imponer disciplina y reorganizar hábitos internos no caló entre los jugadores.
La presión se intensificó con filtraciones constantes y la falta de respaldo ante conflictos públicos, como el enfrentamiento con Vinícius en el Clásico. Pese a victorias puntuales, el club consideró que el rumbo ya era irreversible.
La salida de Xabi Alonso abre una etapa incierta para el Real Madrid en medio de una temporada exigente. El club apuesta por un giro inmediato con Arbeloa, pero las causas profundas del fracaso aún generan debate sobre el modelo de gestión merengue.


