Estados Unidos implementará una suspensión de visas en 75 países, afectando especialmente a solicitantes de América Latina, África y Asia. La decisión, comunicada por el Departamento de Estado, se enmarca en una ampliación de las medidas migratorias del Gobierno de Donald Trump, centradas en reforzar el control fronterizo y limitar la inmigración legal.

La medida entrará en vigor el 21 de enero y congela indefinidamente la emisión de visas de inmigrante, aquellas destinadas a residencia o empleo, aunque no afectará a las de turismo o estudio. Países como Brasil, Colombia, Cuba, Egipto, Nigeria y Rusia se encuentran en la lista, que excluye a Venezuela.
Según el comunicado oficial, el objetivo es evitar el ingreso de personas que puedan convertirse en una “carga pública” para el erario estadounidense. El Gobierno sostiene que los solicitantes de esos países presentan un mayor riesgo de depender de asistencia estatal. Esta política también coincide con una revisión más estricta de los antecedentes, las redes sociales y la estabilidad económica de los aplicantes, lo que ha sido interpretado como una señal de endurecimiento sistemático.
Datos oficiales señalan que el Gobierno estadounidense ha revocado más de 100.000 visas desde el inicio de la actual administración, en paralelo con una política más estricta que incluye el análisis de redes sociales y antecedentes financieros de los solicitantes.
El investigador David Bier, del Instituto Cato, advirtió que esta suspensión de visas en Estados Unidos podría reducir en más de 300.000 el número de inmigrantes legales que ingresen al país en el próximo año, lo que marcaría un nuevo punto de inflexión en la política migratoria estadounidense.En un contexto preelectoral y con la Copa Mundial de 2026 próxima a celebrarse en suelo estadounidense, la decisión podría marcar un giro duradero en la política migratoria del país, con implicaciones diplomáticas, sociales y económicas aún por medirse.


