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Francia registra la primavera más calurosa de su historia desde que existen registros en 1900

Del 21 al 30 de mayo, Francia sufrió la ola de calor más temprana de su historia

Francia acaba de cerrar la primavera más calurosa desde que comenzaron los registros meteorológicos en el país, en el año 1900. Así lo confirmó Météo France, el servicio meteorológico nacional, que documentó una temperatura media de 13,8 °C entre marzo y mayo de 2026.

La anomalía térmica registrada fue de +1,7 grados Celsius respecto a la media histórica para esta época del año. Con este dato, la primavera de 2026 superó los registros anteriores de 2011 y 2020, que habían marcado las temporadas más cálidas hasta ahora.

El episodio más extremo ocurrió entre el 21 y el 30 de mayo, cuando Francia experimentó su ola de calor más temprana jamás documentada. El fenómeno fue provocado por una campana de calor, una configuración atmosférica que atrapa el aire cálido bajo una zona de alta presión.

Suelos secos y menos lluvia de lo habitual

La primavera más calurosa en Francia también fue una de las menos lluviosas del último siglo. Météo France reportó un déficit de precipitaciones del 30%, con cinco días menos de lluvia de lo normal en la mayor parte del territorio.

En las regiones del centro-oeste y noreste del país, la escasez llegó a 15 días por debajo de lo esperado. Los suelos, que iniciaron la temporada con humedad elevada, terminaron la primavera en condiciones de sequedad generalizada.

El mismo patrón se extiende a Noruega

El fenómeno no fue exclusivo de Francia. Noruega también registró su primavera más cálida desde 1901, con temperaturas medias 2,1 grados por encima de la norma estacional. El norte del país y el archipiélago de Svalbard fueron los más afectados.

A diferencia de Francia, Noruega no sufrió una ola de calor directa. Sin embargo, las temperaturas inusualmente altas en marzo y abril bastaron para establecer un nuevo récord histórico en ese país escandinavo.

Los datos de esta primavera se suman a una tendencia global que los científicos llevan décadas advirtiendo. La frecuencia e intensidad de estos eventos extremos plantea preguntas urgentes sobre adaptación climática en Europa y el resto del mundo.