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ELEGIR CARRERA EN LA ERA DE LA IA: PASIÓN, DATOS Y PROPÓSITO

Y sí, voy a empezar confesando algo: yo no elegí mi carrera. Mi carrera me eligió a mí… o mejor dicho, la eligieron por mí.

A mí me interesaba la comunicación. Me gusta hablar, conectar y contar historias —qué sorpresa, ¿verdad?—. Sin embargo, mi padre venía de una familia de banqueros, vendedores y financieros, así que la conversación fue más o menos así: “La comunicación no es muy redituable. Mejor algo en negocios”.

Cuando pedí informes, lo más viable, práctico y “sensato” fue Administración de Empresas. Y no me fue mal. De hecho, me fue muy bien. Con el tiempo entendí algo importante: cuando eliges desde la imposición, puedes tener éxito; cuando eliges desde tu esencia, puedes encontrar plenitud.

Hoy los jóvenes toman decisiones entre muchísimas variables. Antes había pocas opciones; ahora existen carreras nuevas, híbridas, digitales e internacionales. Tenemos más información que nunca y, paradójicamente, elegir puede resultar más difícil.

La inteligencia artificial está transformando profesiones, creando nuevas y redefiniendo otras. Muchos jóvenes me preguntan: “¿Qué debo estudiar para que no me reemplace la IA?”. Mi respuesta no empieza con la tecnología. Empieza con la persona.

Primero, la pasión. Mihaly Csikszentmihalyi explicaba que el estado de flow aparece cuando equilibramos desafío y habilidad mientras hacemos algo que realmente disfrutamos. No se trata de romantizar la pasión, sino de reconocer aquello que despierta un interés genuino y sostenido.

Después vienen los datos. Elegir carrera exige analizar tendencias, mercado laboral, habilidades transferibles y evolución tecnológica. Pero decidir únicamente por empleabilidad puede llevar a una vida profesional desconectada. Los datos orientan; el autoconocimiento decide.

Y finalmente, el propósito. La tecnología puede automatizar tareas, pero no sustituye el sentido, la ética, el criterio ni la humanidad. En esta era serán esenciales el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación, la inteligencia emocional y la capacidad de aprender continuamente.

Ken Robinson hablaba de encontrar “El Elemento”: el punto donde se encuentran lo que amas y aquello que haces bien. La curiosidad también será fundamental, porque impulsa la innovación y nos permite reinventarnos.

Yo estudié Administración, pero nunca me alejé de la comunicación. La integré a mi liderazgo, a la docencia, a mis conferencias y hoy incluso a un podcast. Definitivamente, la vida tiene sentido del humor.

Por eso, la fórmula no es pasión o empleabilidad. Es pasión + datos + propósito.

La IA puede convertirse en una gran aliada para elegir carrera: ayuda a explorar opciones según intereses y habilidades, analizar tendencias laborales, comparar planes de estudio y visualizar cómo podrían evolucionar distintas profesiones. También permite identificar habilidades transferibles y combinar caminos: administración + análisis de datos, psicología + tecnología o comunicación + marketing digital.

Elegir carrera en la era de la IA no significa buscar algo “a prueba de robots”. Significa elegir un camino en el que puedas crecer, adaptarte y aportar valor con identidad.

Porque la pregunta ya no es solamente: “¿De qué voy a vivir?”. La pregunta más importante es: “¿Quién quiero llegar a ser en un mundo que cambia constantemente?”.

La mejor decisión comienza con las preguntas correctas.