Hay perfiles que no nacen en un aula, sino Ejecutivo de Growth Marketing, entiende el consumo desde dos lugares que rara vez conviven: la calle y el cálculo. Su historia empieza en casa. Su padre trabaja la publicidad “de la vieja escuela”, con storyboards y trazos a mano, y Andrade absorbe esa sensibilidad. Pero su curiosidad se inclina al rendimiento: entre filosofía y matemáticas elige Actuaría, una disciplina que forma para evaluar riesgos en seguros y finanzas. Esa base lo vuelve un perfil híbrido: creativo por contexto, analítico por formación.

COCA-COLA: LA ESCUELA DEL COMPORTAMIENTO
El giro llega cuando Coca-Cola recluta actuarios y él entra a investigación de mercados. Ahí descubre el doble motor del marketing: lo cuantitativo (encuestas, estadística, medición) y lo cualitativo (motivaciones, miedos, contexto). En esa etapa adopta una idea que guía su carrera: las marcas son como personas. Un mentor,
Juan Carlos Malet, lo impulsa a dedicarse al marketing y Andrade permanece 13 años en la compañía, aprendiendo a vender desde el significado, no solo desde el producto.
Andrade define el growth marketing como la combinación de análisis numérico con comprensión emocional del consumidor, potenciada por métricas en tiempo real. Su punto central es cambiar la unidad de medida: dejar de observar únicamente ventas por trimestre y mirar el lifetime value, el valor acumulado de una persona durante toda su relación con la marca. Esa lógica reordena la planeación: cuánto invierte una empresa para que alguien se quede años, no semanas.
LA NUEVA PRIORIDAD: RETENER ANTES QUE PERSEGUIR
Para Andrade, detrás del lifetime value está la retención o recompra, el indicador que hoy define la sostenibilidad. Explica que muchas startups privilegian adquirir usuarios con velocidad, pero cuando la retención no acompaña, el modelo se vuelve frágil: al detenerse la inyección de inversión, aparecen ajustes, despidos o cierres. La lección es dura y concreta: sin producto sólido, no hay marketing que sostenga el crecimiento. En sentido inverso, un buen producto puede sostenerse incluso con comunicación imperfecta, por recomendación y repetición.
Su tablero se compone de indicadores que conversan entre sí: costo de adquisición (lo que se invierte para traer nuevos usuarios, no el presupuesto total), tasa de abandono (medida por separado para entender por qué la gente se va), y NPS o poder de recomendación. Andrade usa una analogía directa: el marketing se parece al amor; hay marcas que nadie recomienda porque “viven peleadas” con su cliente, y otras que se promueven solas porque generan satisfacción real. Medir la recomendación, sostiene, permite reducir la dependencia de publicidad pagada cuando el producto opera como máquina de confianza.
EDUCACIÓN COMO PROPÓSITO: EL CASO IEU
En su etapa actual, Andrade se integra a IEU y explica su elección desde el producto: la educación. Plantea que en México existe una brecha vinculada a trayectorias interrumpidas, especialmente en sectores de clase media baja y en perfiles que postergan estudios por trabajo o por decisiones familiares. En IEU encuentra un “match” entre propósito personal y una propuesta que combina calidad, precio accesible y alcance nacional mediante modalidad en línea, con presencia de campus en Puebla, Veracruz y Villahermosa, además de estudiantes fuera del país.
Su cierre es organizacional: defiende un liderazgo más horizontal, con mentalidad de colaboración tipo “código abierto”, donde los equipos se complementan para resolver problemas complejos. Para quienes dirigen empresas, su recomendación apunta a la humildad de aprender del talento joven y de áreas multifuncionales, porque la ventaja ya no está solo en la especialidad, sino en cómo se integran capacidades para ejecutar mejor.


