La inteligencia artificial volvió a mover el debate cinematográfico en Cannes con Hell Grind, largometraje de 95 minutos creado sin rodaje físico. La obra, presentada en el mercado paralelo del festival, exhibe una apuesta radical: producir acción y fantasía con prompts, modelos generativos y un equipo reducido, en tiempos y costos impensables para Hollywood.

Una producción que reduce tiempos y presupuesto
Detrás del proyecto está Higgsfield AI, startup de San Francisco fundada hace tres años y valuada en 1,300 millones de dólares. La cinta fue terminada en 14 días por 15 especialistas, sin sets, cámaras ni intérpretes frente al lente.
Su costo quedó por debajo de 500,000 dólares, con cerca del 80% destinado a procesamiento computacional. La empresa sostiene que una película equivalente, hecha con esquemas tradicionales, rondaría los 50 millones de dólares. La proyección no compitió por premios: funcionó como vitrina comercial ante compradores y estudios.
El laboratorio técnico detrás del filme
El proceso combinó Google Veo 3 con herramientas propias para mantener continuidad visual. Cada indicación escrita podía superar las 3,000 palabras e incluía parámetros de luz, lente, textura, movimiento y física.
Para los primeros 25 minutos se generaron 16,181 videos iniciales y solo 253 tomas llegaron al corte final. La trama sigue a Roco, Lulu, Jax y Rein, cuatro ladrones arrastrados a una aventura fantástica tras activar un artefacto antiguo. El resultado mezcla inframundo, templo tibetano y Japón feudal.
Hell Grind no sustituye todavía al cine tradicional, pero sí abre una discusión industrial urgente. Su mayor efecto puede estar en presupuestos, prototipos narrativos y nuevos flujos de producción, especialmente para estudios que buscan rapidez, escala visual y menor riesgo financiero.


