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MÉTODO, COMUNIDAD Y FUTURO PARA LOS JÓVENES EMPRESARIOS

La incertidumbre no es una opción, sino un lo saben: el miedo a que el modelo de negocios desaparezca de un día para otro se convierte en el motor más poderoso para la optimización constante. Alan Ramos, presidente de la Comisión de Jóvenes Empresarios de Coparmex Puebla, ha hecho de esa tensión su filosofía de vida. Y ahora, desde una de las cámaras empresariales más influyentes del país, lidera una estructura pensada para que el talento emergente no tenga que aprender solo a golpes de prueba y error.

UN PUENTE NATURAL PARA LOS JÓVENES EMPRENDEDORES

La Comisión de Jóvenes Empresarios de Coparmex opera a nivel nacional como un eslabón deliberadamente diseñado. No se trata de un espacio de cortesía o de simple acompañamiento emocional. Su misión es convertirse en el puente natural de transición para aquellos jóvenes que, con un emprendimiento en marcha, necesitan transformar esa chispa inicial en una empresa con pilares sólidos, buenas prácticas y metodologías capaces de garantizar su subsistencia a lo largo de los años.

Ramos explica que este proceso trasciende el enfoque meramente comercial. Se trata de que la solución que ofrece la empresa, sea un producto o un servicio, llegue a la sociedad de la manera correcta, con los conocimientos adecuados y en un ambiente laboral apegado a las normas vigentes. Incluso se incorporan buenas prácticas internacionales que deben ser adoptadas para que la empresa no solo sea rentable, sino que también sea un agente de cambio real.

MÁS QUE BUENA VOLUNTAD: CERTIFICACIONES Y RED DE APOYO

El enfoque de la comisión se aleja de las buenas intenciones difusas. Se apoya en herramientas concretas. Desde el fortalecimiento de habilidades duras y blandas hasta capacitaciones específicas, el proceso incluye un escalón fundamental: alcanzar certificaciones que demuestren que la empresa no solo dice hacer las cosas bien, sino que las vive cada día con sus colaboradores. Estas certificaciones marcan un antes y un después en la percepción real de solidez empresarial.

Pero hay un activo adicional que multiplica el impacto: una red de apoyo solidaria. Empresarios con más trayectoria comparten abiertamente su curva de aprendizaje, esa que les costó tiempo, dinero y esfuerzo. Muestran cómo resolvieron un problema concreto y dejan que el joven adapte ese conocimiento a su realidad. Así, el crecimiento se acelera y el tejido empresarial en México se fortalece más allá de lo que cada negocio podría lograr por sí solo.

OPTIMIZAR O MORIR

El interés de Ramos por este camino nace de su propia biografía. Emprendió junto a su hermano desde muy joven y enfrentó todos los retos que eso implica. El miedo a desaparecer de un día para otro lo llevó a adoptar una máxima que repite con convicción: optimizar o morir, frase que atribuye al reconocido mercadólogo Juan Lombana. Este mantra se aplica a todas las áreas de la empresa y obliga a escalar permanentemente la montaña en busca de mejores maneras de hacer las cosas.

Lo que distingue a su enfoque es la conciencia de que los problemas no se vuelven más sencillos con el crecimiento, sino simplemente mejores en calidad. Por eso, la empatía juega un papel central. Quienes ya llevan años en el camino tienen la responsabilidad de voltear a ver a los que empiezan, pero también de recibir de ellos nuevas perspectivas que desafíen prácticas añejas. Así se construye una cadena de valor que, según Ramos, debe seguir existiendo y contagiando la emoción de emprender.

PUEBLA, UN HUB EMPRESARIAL EN CONSTRUCCIÓN

La mirada de Ramos no se limita al presente. Al hablar del futuro de la comisión, insiste en mantener una comunicación excelente con el centro empresarial, con los presidentes de otras comisiones y con la presidenta Bety Camacho. Lo que está en juego es la capacidad de crear puentes tan fortalecidos que ni los cambios de administración los destruyan. Se trata de proyectar una agenda no semestral ni anual, sino pensada para décadas. 

Ramos señala una convicción recurrente en su entorno: Puebla tiene todo el potencial para convertirse en un hub empresarial y tecnológico. La entidad es un clúster de universidades, el talento llega a estudiar allí y egresa con enorme capacidad para ser disruptivo. El desafío, y al mismo tiempo la tarea que él asume, es crear los escenarios idóneos para que ese talento joven no se pierda en el camino. Saberlo es valioso, pero construirlo es lo que realmente transforma.

Alan Ramos deja una invitación clara a la comunidad de jóvenes emprendedores. No perder la emoción por el mundo emprendedor, pero aprovechar el acceso a tecnología disruptiva que antes no existía. El punto de inflexión es histórico. Se pueden cambiar las cosas con más facilidad que antes y las ideas pueden ser mucho más claras. Pero la condición es hacerlo fortalecidos, con un entorno que se soporte y se apoye, con metodología, técnica y objetivos muy claros. Sin prisas, pero sin pausas. Así se construye, paso a paso, el México empresarial que aún está por venir.