El examen en línea de la UNAM abrió una crisis de confianza en el proceso de ingreso a licenciatura 2026, luego de que la Universidad suspendiera provisionalmente las inscripciones de primer ingreso. La medida dejó en incertidumbre a más de 50 mil estudiantes seleccionados, mientras una Comisión Técnica revisa posibles irregularidades y comportamientos atípicos detectados tras la publicación de resultados.

La polémica se intensificó por testimonios, análisis independientes y denuncias sobre presuntas trampas durante la aplicación remota. De acuerdo con reportes periodísticos, antes y durante el examen circularon ofertas de suplantación de identidad, asistencia en tiempo real por mensajería, supuestos bancos de preguntas y uso de inteligencia artificial para resolver reactivos.
Examen en línea de la UNAM y resultados atípicos
Una gráfica con los resultados de Medicina muestra un contraste claro entre 2025 y 2026. En 2025, la mayor concentración de aspirantes se ubicó alrededor de 43 aciertos, con una frecuencia cercana a 310 alumnos; en 2026, el pico más alto se desplazó hacia 113 aciertos, con aproximadamente 260 alumnos. Esa tendencia sugiere un crecimiento fuerte en la media de resultados, no una caída.
La interpretación resulta llamativa porque, después de una pandemia y de las brechas educativas acumuladas, no sería lógico esperar que los resultados generales subieran de forma tan abrupta sin una explicación sólida. Un mejor desempeño puede ocurrir, pero un desplazamiento tan marcado obliga a revisar si el cambio responde a preparación real, fallas de control, filtraciones o intervención externa.
Consecuencias e implicaciones
La consecuencia inmediata fue la suspensión del calendario de inscripción. Aspirantes que quedaron fuera han marchado en Ciudad Universitaria para exigir que el examen se repita de manera presencial, bajo el argumento de que el formato remoto permitió una “trampa masiva”.
Las implicaciones van más allá de una generación afectada. Si la UNAM confirma irregularidades, deberá definir si anula resultados, repite la prueba o ajusta criterios de ingreso. Si no las acredita, tendrá que explicar con datos por qué aumentaron los puntajes y cómo garantizó equidad.
El fondo del problema es institucional: la educación digital puede ampliar acceso, pero también exige controles más robustos. La reflexión pendiente es por qué un examen de alta competencia fue llevado a un entorno remoto sin lograr convencer a todos de que las reglas fueron iguales. La credibilidad del proceso dependerá menos del formato y más de la transparencia con que se revise cada anomalía.


